Autora: Sabrina María Villegas Guzmán

Durante todo el siglo XX y en lo que va de este siglo, la lucha por la tierra ha sido un aspecto central del accionar político de los sectores subalternos del agro argentino y, por ende, ha sido también la demanda más insistente dirigida por estos sectores hacia los poderes públicos. En las últimas décadas, la lucha por el territorio campesino adquiere ciertas características especiales que derivan del proceso de profundas transformaciones que se vienen sucediendo en la estructura agraria argentina. Concretamente, nos referimos al proceso de expansión de la frontera agropecuaria hacia las zonas agrarias marginales de nuestro país, como es el caso del norte de la provincia de Córdoba.

Consideramos que los conflictos constituyen puntos de inflexión a partir de los cuales es posible percibir tanto las lógicas de dominación –lógica estatal o político-gubernamental y lógica económica del capital- como las resistencias que emergen frente a la dominación. Desde este punto de vista, los conflictos en torno a la territorialidad campesina ofician como la base a partir de la cual es posible percibir los mecanismos que despliega el Estado para contener y canalizar las demandas populares, permitiéndonos también una aproximación a las prácticas de resistencia de los colectivos y sujetos en lucha.

Comprendiendo a las luchas como modos de hacer frente a la dominación, ellas son, ante todo, luchas por las condiciones de vida; de allí que los campesinos/as (re)creen formas de resistencia para permanecer en sus territorios, para poder producir y vivir de lo que producen, para tener agua, educación, salud, etc. 

 

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