Autor: Fidel Azarian

Los recuperadores de residuos urbanos se volvieron visibles en Argentina tras la crisis de 2001, cuando los cartoneros se constituyeron en uno de los claros indicios del hambre, la pobreza, el desempleo y la precarización laboral que asolaban al país. En el escenario signado por la dura crisis económica y social a la que nos arrojaron las políticas neoliberales ejecutadas en la década de los noventa, el trabajo en la calle se les planteó a muchos como una alternativa a la falta de empleo, a su inestabilidad, o un complemento de los insuficientes ingresos percibidos (Vergara, 2011). Pero esto no significa que la recuperación de residuos sea una novedosa estrategia de supervivencia que los pobres y desempleados argentinos aprendieron a comienzos de siglo; de hecho hay investigaciones históricas que demuestran que la actividad de recuperar residuos tiene sus antecedentes en prácticas coloniales (Schamber, 2011) y también hay investigaciones antropológicas que dan cuenta de la existencia de hasta cuatro generaciones de familias de carreros en algunos barrios populares de la ciudad de Córdoba (Bermúdez, 2011).

 

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